De tus labios, de tu tibio cuerpo,
de tus noches, de tu fuego y de tu piel,
de tu amor ella era la dueña.
Tus caricias, todos tus secretos,
el tesoro ajeno de tu dulce miel,
lo que nunca imaginé.
Quién me iba a decir, que serías la lluvia y yo la tempestad,
quién me iba a decir que tenías la cura de mi enfermedad,
quién me iba a decir que serías la sangre de mi corazón,
quién me iba a decir que tenías la paz que tanto me faltó...